domingo, 22 de mayo de 2016

- VIDA -




Y tú me enseñas, vida, tus mil matices. Mil lecciones aprendidas con la suavidad de tu paciencia, 
una y otra vez, que van calando despacito. Y otra vez abro los ojos, y otro día despunta... Cada vez más bonitos, cada vez más profundos, cada vez más valiosos... Me regalas minutos, me regalas abrazos...

¿Y qué hacer ya con esta consciencia sino dar gracias? ¿Y qué hacer con todas estas dimensiones? Mil pequeños regalos que toman sabor a miel. Como sus labios. No sé cuántos amaneceres más viviré entre sus brazos, tampoco importa, cada uno es único y completo. 

Una vez me enseñaste a no esperar, fue uno de los regalos más bonitos que me hicieron jamás: la paz. 
Ella me deja vibrar en mil frecuencias y me cuida del desasosiego. El tiempo no existe...

Y llegaste y me miraste. Me regalaste. Me erizaste. Y me vi. Me vi en tus ojos. Vi la magia de la magia. Volé. Alto. Nunca descendí. No volveré al barro. Aprendo con cada sorpresa, con cada infinito. El amor puede no doler. Puede ser puro. Y si se rompe será de tanto usarlo. Será de hacerse tan grande que ya no cabe. En ningún pecho. Qué importa. Si ahora sé dónde mirar. Adentro. Si vendrán despertares cada mañana. 

Inmortal es la esencia. Valiosa la vida. Preciosa la fragilidad. 

Iré a la orilla del mar. Iré a la orilla de mi corazón. Iré al susurro del calor. Y volveré. Allí dónde nunca había mirado. Me veo. Respiro. Soy libre. Eterna. Eternamente. 


Vida, colmada de sabores, de viajes y de besos. Brisas. Colores. Amores. Canciones...













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